A PROPÓSITO DEL ÚLTIMO ARTÍCULO DE JAVIER MARÍAS EN E.P.S.
http://elpais.com/elpais/2014/04/16/eps/1397645294_720846.html
Recuerdo haber oido en una pelicula sobre la época colonial británica una
frase que aclara mucho sobre la (in)comprensión que algunos alcanzan sobre
ciertos temas. Le decía un oficial británico a otro en la India que no entendía
por qué se empeñaban los indios en querer ser indios (independientes) pudiendo
elegir ser británicos. En cierto modo es lo que les ocurre a muchos en España,
que no entienden por qué los catalanes se empeñan en ser catalanes pudiendo ser
españoles. Y lo más curioso es que esto le ocurre a personas de todo pelaje y
condición, de todas las tendencias políticas, de cualquier nivel intelectual,
de toda catadura moral.
Muchas veces esa incapacidad de comprensión, diríase congénita por la
manera como se perpetúa en el tiempo, viene acompañada de la necesidad de
menospreciar y desprestigiar, cuando no insultar, al movimiento catalanista.
Viene esto al caso de la publicación el domingo 20 de abril de un artículo
del señor Javier Marías en su habitual página dominical de El País Semanal en
la que pone al mismo nivel el independentismo catalán y los diferentes
movimientos racistas y xenófobos que se dan en muchos (demasiados) países
europeos. Dice el señor Marías: Proliferan en Europa, y van
ganando adeptos, los movimientos y partidos xenófobos y racistas, los que
demonizan a los inmigrantes –legales o no, tanto les da–, los que claman
“Grecia para los griegos”, “Francia para los franceses”, “España para los españoles”
o “Cataluña para los catalanes de verdad”.
En
esta última frase, “Cataluña para los
catalanes de verdad”, es donde está la trampa y la mentira. Mentira tanto
más grave en cuanto que proviene de una persona de acreditada capacidad
intelectual y a la que por tanto se le suponen posibilidades de información y
documentación suficientes.
En
cualquier caso, sépase que ya desde los tiempos del franquismo, en Cataluña
siempre estuvieron ligados la lucha por las libertades democráticas con la
lucha por la recuperación de las instituciones nacionales catalanas y el movimiento
obrero, gran parte del cual, como es sabido provenía de otros lugares de
España. La feliz frase de Francisco Candel “es catalán todo el que vive y
trabaja en Cataluña” muestra claramente el carácter inclusivo del movimiento
catalanista. Esta frase, matizada años más tarde por Jordi Pujol (“es catalán
todo el que vive y trabaja en Cataluña y desee serlo”) aleja cualquier
posibilidad de reivindicación esencialista o racial por parte de dicho
movimiento. Sin duda este carácter inclusivo es una de las singularidades del
movimiento independentista catalán, lo cual permite que se den organizaciones
independentistas de personas de origen no catalán, como Súmate.
Otra
de las características del movimiento independentista catalán es que se trata
de un movimiento de regeneración democrática (que por cierto, nos gustaría que
se diera también en el resto de España, que buena falta hace), que desea acabar
con el secuestro de las instituciones por parte de unos pocos partidos
políticos y pretende promover la participación ciudadana en la toma de
decisiones, cosa que también tiene sus raíces en la época franquista, cuando
fueron los partidos de la oposición democrática (fundamentalmente el PSUC)
quienes con más convicción enarbolaron la bandera de la reivindicación
nacional.
Nada
hay pues de nacionalismo excluyente en el movimiento independentista catalán,
que por otra parte es un movimiento que nace de abajo arriba, y no al revés,
como quieren hacer creer en general los medios de comunicación españoles, que
lo presentan como si fuera un invento del señor Artur Mas. También se podría
abundar en la diferencia entre independentismo y nacionalismo, pues es notable
que muchos de los que hoy abogan por la independencia no son en absoluto
nacionalistas.
Gran
pesar, digo, me causan las palabras de Javier Marías, con quien en muchas
ocasiones he estado más que de acuerdo, sobre todo porque me parecen
malintencionadas. ¿Grecia para los griegos pero Cataluña para los catales “de
verdad”? Jamás en toda mi vida he oido a nadie reivindicar tal cosa, primero porque
para nosotros no existen catalanes de verdad y catalanes de mentira; segundo
porque tal reivindicación repugnaría a la totalidad del movimiento
independentista del mismo modo que repugnan las frases insultantes que Javier
Marías incluye en su artículo, muy en la línea, por otro lado, de las que
lanzan los medios de comunicación más nacionalistas-derechistas de España.
Si
ni siquiera los más reputados intelectuales españoles quieren entender lo que
aquí ocurre es que la sordera de España es más grave de lo que parece.
Tristeza.
