lunes, 21 de abril de 2014

A PROPÓSITO DEL ÚLTIMO ARTÍCULO DE JAVIER MARÍAS EN E.P.S.



 A PROPÓSITO DEL ÚLTIMO ARTÍCULO DE JAVIER MARÍAS EN E.P.S.
http://elpais.com/elpais/2014/04/16/eps/1397645294_720846.html

Recuerdo haber oido en una pelicula sobre la época colonial británica una frase que aclara mucho sobre la (in)comprensión que algunos alcanzan sobre ciertos temas. Le decía un oficial británico a otro en la India que no entendía por qué se empeñaban los indios en querer ser indios (independientes) pudiendo elegir ser británicos. En cierto modo es lo que les ocurre a muchos en España, que no entienden por qué los catalanes se empeñan en ser catalanes pudiendo ser españoles. Y lo más curioso es que esto le ocurre a personas de todo pelaje y condición, de todas las tendencias políticas, de cualquier nivel intelectual, de toda catadura moral.

Muchas veces esa incapacidad de comprensión, diríase congénita por la manera como se perpetúa en el tiempo, viene acompañada de la necesidad de menospreciar y desprestigiar, cuando no insultar, al movimiento catalanista.

Viene esto al caso de la publicación el domingo 20 de abril de un artículo del señor Javier Marías en su habitual página dominical de El País Semanal en la que pone al mismo nivel el independentismo catalán y los diferentes movimientos racistas y xenófobos que se dan en muchos (demasiados) países europeos. Dice el señor Marías: Proliferan en Europa, y van ganando adeptos, los movimientos y partidos xenófobos y racistas, los que demonizan a los inmigrantes –legales o no, tanto les da–, los que claman “Grecia para los griegos”, “Francia para los franceses”, “España para los españoles” o “Cataluña para los catalanes de verdad”.

En esta última frase, “Cataluña para los catalanes de verdad”, es donde está la trampa y la mentira. Mentira tanto más grave en cuanto que proviene de una persona de acreditada capacidad intelectual y a la que por tanto se le suponen posibilidades de información y documentación suficientes.

En cualquier caso, sépase que ya desde los tiempos del franquismo, en Cataluña siempre estuvieron ligados la lucha por las libertades democráticas con la lucha por la recuperación de las instituciones nacionales catalanas y el movimiento obrero, gran parte del cual, como es sabido provenía de otros lugares de España. La feliz frase de Francisco Candel “es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña” muestra claramente el carácter inclusivo del movimiento catalanista. Esta frase, matizada años más tarde por Jordi Pujol (“es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña y desee serlo”) aleja cualquier posibilidad de reivindicación esencialista o racial por parte de dicho movimiento. Sin duda este carácter inclusivo es una de las singularidades del movimiento independentista catalán, lo cual permite que se den organizaciones independentistas de personas de origen no catalán, como Súmate.
Otra de las características del movimiento independentista catalán es que se trata de un movimiento de regeneración democrática (que por cierto, nos gustaría que se diera también en el resto de España, que buena falta hace), que desea acabar con el secuestro de las instituciones por parte de unos pocos partidos políticos y pretende promover la participación ciudadana en la toma de decisiones, cosa que también tiene sus raíces en la época franquista, cuando fueron los partidos de la oposición democrática (fundamentalmente el PSUC) quienes con más convicción enarbolaron la bandera de la reivindicación nacional.

Nada hay pues de nacionalismo excluyente en el movimiento independentista catalán, que por otra parte es un movimiento que nace de abajo arriba, y no al revés, como quieren hacer creer en general los medios de comunicación españoles, que lo presentan como si fuera un invento del señor Artur Mas. También se podría abundar en la diferencia entre independentismo y nacionalismo, pues es notable que muchos de los que hoy abogan por la independencia no son en absoluto nacionalistas.

Gran pesar, digo, me causan las palabras de Javier Marías, con quien en muchas ocasiones he estado más que de acuerdo, sobre todo porque me parecen malintencionadas. ¿Grecia para los griegos pero Cataluña para los catales “de verdad”? Jamás en toda mi vida he oido a nadie reivindicar tal cosa, primero porque para nosotros no existen catalanes de verdad y catalanes de mentira; segundo porque tal reivindicación repugnaría a la totalidad del movimiento independentista del mismo modo que repugnan las frases insultantes que Javier Marías incluye en su artículo, muy en la línea, por otro lado, de las que lanzan los medios de comunicación más nacionalistas-derechistas de España.

Si ni siquiera los más reputados intelectuales españoles quieren entender lo que aquí ocurre es que la sordera de España es más grave de lo que parece.

Tristeza.